John D. Rockefeller dijo, en una ocasión, que, si queríamos vender un bolígrafo, nos deberíamos gastar el 90 % en publicidad. Este consejo se está traduciendo hoy en el marketing, por lo que cualquier producto, para salir al mercado, tiene que tener esto en cuenta, tanto en la vida real como en la virtual.

Una de las técnicas más antiguas de la venta es, precisamente, esto: procurar la buena presencia del producto. El servicio que se presta a un cliente es también importante para la venta. En este sentido, el packaging o arte para procurar que estas dos ideas funcionen juntas es fundamental.

trinfar con el packaging y la logística ecommerce

La venta es ya también virtual.

Si sumamos estas dos viejas ideas y las trasladamos a la actualidad, nos encontramos con que, en Internet, el packaging cobra un especial significado. En este ámbito, desde el transporte de la tienda online hasta su almacenaje deben cuidarse con esmero. La logística ecommerce es un aspecto de vital importancia para nuestro negocio. Si resulta atractiva y útil, atraerá a un mayor número de clientes, ya que su propio funcionamiento es lo primero que detecta el consumidor.

Pese a las recomendaciones del magnate norteamericano Rockefeller sobre la publicidad, y siguiendo el ejemplo de los bolígrafos, si a un cliente no le gusta el estuche, nunca comprará esos bolígrafos. Y esta impresión, de lo que nos gusta o no, se produce en el instante mismo de la compra, ni antes -con la publicidad- ni después de haber dejado el establecimiento o tienda online que hayamos visitado.

La marca debe procurar la fidelidad.

La marca debe procurar siempre que los clientes sigan comprándole y el momento concreto de la venta no puede defraudar. Esta premisa elemental es lo que tiene en cuenta el packaging: procurar que sus productos no decepcionen en el momento de su entrega. Su atractivo es un valor añadido al producto, la forma en la que llega al consumidor no solo debe ser atractiva, sino también ágil y efectiva, es decir, debe estar almacenada adecuadamente y presentada y distribuida de una manera adecuada.

Estamos hablando del instante crucial de decisión de una compra, un buen packaging decide sobre esto: el continente cobra más sentido que el contenido. Las tendencias actuales del embalaje nos dicen mucho sobre esto. Aparecen cada día envases más sofisticados, respetuosos con el medio ambiente o alegres, llamativos, etc. Basta descubrir algunos ejemplos de lo que estamos hablando en el mercado: cajas de zapatos con rejillas transpirables, que se huelen, etc.

Cada producto tiene su personalidad.

Entre los muchos detalles que han apreciado los publicistas, para un óptimo resultado de venta, destaca el sentido único y exclusivo que debe tener un producto. No es lo mismo un mercado dirigido a los jóvenes que otro dirigido, por ejemplo, a las amas de casa. Por un lado, la demanda debe ajustarse a la oferta; y, por el otro, esta oferta ajustarse a la personalidad que, en este caso, tienen los diferentes sectores o grupos en nuestra sociedad.

En el packaging, también se integran estos valores. Como si de personas se tratase, los productos se visten de gala o transmiten ideas innovadoras, dinámicas, etc. No es lo mismo vender un zapato deportivo que una lavadora. En el mundo virtual, el objetivo es el mismo y la marca sigue teniendo que inspirar confianza y atractivo para no defraudar, en ningún momento, al consumidor final.

En este proceso de venta, desde el momento en el que el artículo sale a la venta y hasta su adquisición final, el packaging juega un papel estratégico determinante, en el que todo importa: el color de su embalaje, la forma, el diseño o la morfología del producto…

 

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